La Pasión
Un único deseo, un deseo que le quemaba por dentro, las
ganas de saltar al vacío, de bailar con el silencio de los arboles que se movían
al son de los recuerdos vividos. Saltar al mar sin saber nadar, con el simple
deseo de descubrir qué habría en el fondo, aunque el mar pudiera quemarle con
el ansia incontrolada del latir utópico de un corazón dormido. Tropezando con
las apetitosas palabras, quería tomar la fruta prohibida, tan deseada, tan
misteriosa, que tenía miedo de que en realidad estuviera envenenada. Su mente,
rendida ante un cuerpo débil, poco a poco iba desmayándose, arrodillándose. Las
cadenas, ya no eran tan fuertes….
Dariasa Domínguez
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