Una suave brisa jugaba con su
pelo y elevaba sus pensamientos a ese otro universo de los sueños, en el que
nadie más puede entrar. Su cuerpo era especial, pura poesía en cada movimiento,
en cada gesto, y de su mirada brotaban unas bellas lágrimas de ilusorias
experiencias narradas por el paso de su vida. Con sus dedos creaba en el aire un
esbozo de aquellas caricias, con la utópica esperanza de volverle a encontrar.
Dariasa Domínguez
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